36:18
Justo había terminado el curso escolar, tenía 16 años, me cansé de jugar
al futbol en abril en el equipo porque no estaba ninguno de mi clase, no
conocía ni tenia mucha trato ni confianza con los de mi equipo de fútbol.
Me planteo un reto. Correr una carrera de 10 km (la Nocturno del
Antiguo) de mi ciudad, un 14 de agosto de 1986 por la noche. Esa época
son fiestas de la ciudad. Tengo dos meses y medio para preparar. Llevaba
años viendo a mis hermanos, primos y a mi vecino, remero olímpico en
Roma 1956, cómo llevaban una década peleando con la mitica marca de los
40:00.
Empiezo a entrenar dos o tres veces a la semana, ¡qué agujetas! Había
días que no podía ni con las escaleras del portal de casa para ir a
comprar pan y leche.
Voy poco a poco, 20, 30 min, y poco a poco va acercandose el gran
día. 3 días antes logré correr 10 km con buenas sensaciones. Pensaba
que lo lograría.
Por fín llegó el gran día.
Llevo una camiseta de algodon del Manchester United un poco ajado y
playeras de tenis de Adidas Ivan Lendl con suela muy gorda, calcetines
del equipo de fútbol, que me llegan hasta justo debajo de la rodilla.
Empieza la carrera. Me coloco en un grupo de 10-15 corredores, me siento
un niñato al lado de esa gente, no tengo ni remota idea si vamos rápido o
lento. Eso sí, tengo dificultades de respirar, el ritmo es diabólico
para lo que estoy acostumbrado. Llega el km 5, pienso en el record de
los de mi familia y parientes, que andaría por los 20:00... miro el
reloj y casi me da algo, llevo 17:44!! Pienso si voy a aguantar o no,
pero me siento muy bien con buenas sensaciones. Me habían advertido de
no pegar la novatada... pasamos el km 6, zas! reviento y me siento
que ya no puedo más. Tengo que aguantar como sea sin parar. Kilometro
a kilometro busco los carteles kilometricos como si fuese agua bendita.
Voy sin fuerzas, totalmente vacío, reventado. Aguantando estoicamente.
Por fín veo el cartel km 9. Un ultimo esfuerzo, recta larga y por fin se
termina la agonía. Hasta entonces jamás había sufrido tanto en mi
vida. Estoy orgulloso y satisfecho de terminar. Miro el cronometro: 36:18.
Tenía 16 años y fue mi primera carrera popular. Con los años, cada vez
que miro para atrás, es el momento deportivo con la que más cariño
recuerdo de todas las carreras de todo tipo que he corrido en mi vida.
Tiene más valor sentimental que todos los triatlones y carreras que he
ganado juntos.
Daría lo que fuera por tener una foto de aquella carrera. Una foto para
inmortarlizar el momento y tenerla guardada como un tesoro.
Ahora que lo estoy rememorando como si fuese ayer y escribiendo mis
sentimientos acerca de aquel momento se me pone la piel de gallina.
¿No es bonito a veces mirar para atrás y recordar con cariño un suceso y
saborearlo? ¿Porque estamos tan empeñados en mirar hacia el futuro sin
mirar para atrás? ¿De que sirve el presente y futuro si se prescinde del
pasado?